Breve historia del planeta verde. Tolerar las diferencias

Se estrana la película argentina Breve historia del planeta verde (2019), de Santiago Loza, cineasta con veinte años de trayectoria y doce trabajos en su haber, más una serie de televisión. Esta es la primera vez que se exhibe una obra suya en el país.

 

El propio director califica su película como un “relato mutante” y es que la premisa suena delirante. Tres amigos, uno de ellos trans, hacen un recorrido hacia la casa de la abuela de uno de ellos, ahí descubren que la señora cuidó de un extraterrestre durante su vida y su último deseo es que le ayuden a regresar a su planeta. El filme va transformándose conforme avanza, como si tuviera la necesidad de no ser catalogado de ninguna manera, a ratos es un drama, en otros momentos es comedia, tiene elementos de ciencia ficción y road movie; así como una estética de serie B, mezclada con algo de glam y elementos pop de la década de los años 80 del siglo pasado. Todos estos elementos conviven entre sí, aunque no siempre funcionan, el humor puede resultar distante, algunos lo disfrutarán y a otros le resultará anodino.

 

En tiempos actuales, en los que la sexualidad es expresada de múltiples formas, surgen las nomenclaturas tratando de definir los cambios, las diferencias o las singularidades. Esto ha llevado, en algunos casos, ha disputas ideológicas, morales y políticas. Pareciera más importante alcanzar un acuerdo en cómo llamar a alguien, cómo calificarlo, que la persona en sí misma, la cual, en teoría, debiera tener los mismos derechos y deberes de la constitución vigente del país en el que viva. Aunque bien se sabe que esos límites territoriales son políticos y, de cierta manera, caprichosos, y no todos viven de la misma forma.

 

Es entonces donde la película de Loza tiene mayor relevancia, es una propuesta que se rehúsa a ser etiquetada. El cine como expresión política de realidades sociales. Tres personajes: una chica trans, un chico que explora su sexualidad y una mujer joven con ánimo deprimido. Ellos bien podrían ser considerados alienígenas, aunque pertenezcan a este planeta verde que alude el título. En cambio, el extraterrestre que transportan, a partir de un determinado momento, sí se entiende como tal, su color de piel y rasgos lo hacen diferente. Sin embargo, ¿no somos todos diferentes? Compartimos algunas características biológicas y comportamentales, pero cada uno se expresa y se muestra de una manera específica hacia los demás. Aquí está el corazón de la historia: aceptar esas diferencias.

 

Para Loza, el camino de la aceptación pasa por la amistad. De ahí que el filme vaya mostrando los vínculos que unen a estas tres personas y, en cierta medida, cómo ellos van afectando a quienes se encuentran en su viaje. En vez de sorprenderse cuando ven a un alienígena, entiéndase reconocer a alguien como diferente a sí mismo, cada persona actúa con naturalidad ante el pequeño y purpúreo ser. Acá hay otra propuesta moral del director: tolerarse los unos a los otros.

 

Más allá de estas nobles intenciones, la película propone tanto que le hace falta cohesión. Sus referencias pop y música electrónica siguen una línea, mientras las actuaciones van por otra, se siente una falta de sintonía. El renunciar a las etiquetas provoca un desbalance entre los elementos cinematográficos. A veces las escenas están ralentizas, en otras la atmósfera es como una fiesta electrónica, los actores recitan sus diálogos mecánicamente y la duración de los planos se extiende caprichosamente.

 

En el cine de la última década, la confusión, la juventud, lo queer, lo extravagante, se viene representando con una paleta de colores que va de los tonos pasteles del glam al uso del neón y las escenas pensadas como si se estuviese en una disco. El propio CRFIC ha hecho una constante en elegir películas con estas características. Constituyen ahora, un lugar común, un ejercicio de lucimiento técnico, pero no siempre obtienen los mismos resultados.

 

En el filme todo esto es adrede, el director juega con las rarezas, como si se tratara de un alquimista que va mezclando diferentes pociones sin advertir cuál será el resultado. Se pueden notar diferentes influencias: E.T. El Extraterrestre (Spielberg, 1982), la relación de un grupo de amigos con un alienígena; La zona (Tarkovsky, 1979), el divagar sin rumbo fijo en busca de una verdad trascendental; o el cine de John Waters, con su estética glam y personajes fuera del estándar aceptado. Lo cierto es que se trata de un filme bastante peculiar, lejos de lo acostumbrado en salas comerciales y que sigue una propuesta de programación clara de parte del festival.

 

País: Argentina|Alemania|Brasil|España. Año: 2019. Título original: Breve historia del planeta verde. Director: Santiago Loza. Guion: Santiago Loza. Productora: Anavilhana Films, Autentika Films, Constanza Sanz Palacios Films, Zentropa. Fotografía: Eduardo Crespo. Montaje: Iair Michel Attias, Lorena Moriconi. Música: Diego Vainer. Elenco: Romina Escobar, Paula Grinszpan, Luis Soda. Duración: 75 minutos. Idioma: español. Color.

Nota: este texto fue escrito por encargo del CRFIC que iba a realizarse en marzo. La película se podrá ver en el programa Preámbulo (solo para territorio costarricense) y en el Cine Magaly. Vayan a las redes sociales de ambos espacios para instrucciones de cómo poder ver las películas.

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