‘We Are Who We Are’: el tiempo dirá quiénes somos

No es casualidad que la más hermosa de las escenas de We Are Who We Are (2020) sea una coreografía al son de una canción llamada «Time Will Tell«.

Por un lado, es una juguetona recreación que refleja el espíritu juvenil de los dos adolescentes que adoran tanto al cantante Blood Orange como para animarse a emular el video oficial de la pieza.

Por otro, sirve para subrayar la frase de la canción “It is what it is”, un mantra que resuena con el espíritu de la serie (“somos quienes somos”).

 

Y es que, si desde el título se declara la intención de explorar identidades, el director Luca Guadagnino comprende que tal tarea no se puede asumir desde las convenciones dramáticas seriales más conocidas.

Por eso no hay cliffhangers, giros de tuerca ni nada similar en ninguno de los ocho capítulos que componen esta sorpresiva y atípica producción de HBO. We Are Who We Are es, desde sus primeros respiros, una serie honesta que no nos promete ganchos argumentales, sino que es una historia de cocción lenta en la que cada momento tiene su peso propio.

No es casualidad, por tanto, que Guadagnino retrate la historia de Fraser y Caitlin como una fotografía. Lo hace desde lo simbólico hasta lo literal, cuando toma la decisión de congelar fotogramas in media res y permitir que esa imagen se estampe como una memoria a la que recién se le sacude el polvo.

Aunado a esta elección estética, Guadagnino conduce su historia sin mirar atrás: nunca  hay flashbacks. Si somos lo que somos, las acciones que vemos en pantalla son lo que son. Cada momento es una fotografía que se entiende por sus circunstancias.

Es una forma de retratar la identidad (y la búsqueda de identidad) sin anestesia porque ninguno de los personajes tiene todo arreglado. Ni Caitlin en su adolescencia al tratar de entender su género, ni las madres de Fraser quienes, por mucho, tienen mucho por resolver, pero que, por su edad madura, asumen su experiencia de vida sin la urgencia que involucra vivir en la juventud.

Estos contrastes tan maravillosamente logrados se reflejan en la base militar estadounidense ubicada en Italia. Es un sitio aburrido, monótono, plagado de uniformes militares pero que, en medio de esa paleta de sonidos y colores olvidables, siempre aparece Fraser con su gigantesca suéter amarilla o sus notorios zapatos rojos. 

Es una construcción de atmósfera que trasciende filmar a los actores sin maquillaje. Guadagnino es astuto en, no solo tener claro lo que quiere en cada escena, sino también en ser flexible y confiar en las emociones de los jóvenes actores quienes, por ejemplo, inician una pelea de comida no escrita en el guión, pero que ayuda a elevar al episodio cuatro como uno de los mejores capítulos. 

Porque, de nuevo, la serie, al igual que esa maravillosa escena de Fraser y Caitlin bailando Time Will Tell, es una coreografía de dos jóvenes imitando lo que conocen hasta sentirse cómodos en algún sitio, con un montón de uniformes militares como telón de fondo, pero siempre buscando encontrar sus propios pasos.

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Sobre el autor

Jorge Arturo Mora es periodista cultural y realizador audiovisual. Es editor del portal La Cuarta CR. También es programador de contenidos culturales en Proyecto Ubuntu: Derechos Humanos y es panelista del programa de crítica de cine Segundas impresiones de la revista deleFOCO Comunidad Audiovisual.

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