Crítica,  Krinegrafo,  Yoshua Oviedo

Para Sama. La valía ética de una imagen.

El 2 de setiembre del 2015, en la red social Twitter, se viralizó la foto de un niño sirio que yacía muerto en una costa del Mediterráneo, la fotoperiodista turca Nilüfer Demir, había capturado el momento y sacó varias fotos. En los siguientes días, las redacciones de los periódicos más importantes del mundo se debatieron sobre si era conveniente o no mostrar la foto en primera plana. Al final, lo hicieron y la imagen de Alan Kurdi, de tan solo tres años, recorrió el mundo entero.

 

El debate ético que suscitó esa fotografía evidenció, por un lado, cierta hipocresía, ya que las guerras son un negocio millonario y los procesos migratorios que provocan no suelen tener una agenda política real; por otra parte, la crudeza de la imagen obligaba a ver el problema en su mayor vileza.

 

La ópera prima de Waad Al-Kateab, Para Sama (2019), codirigida con el veterano cineasta Edward Watts, suscita de manera similar un debate sobre la forma en la que exhibe el conflicto sirio.

 

El documental va mostrando, desde la perspectiva de Waad, una periodista siria que lucha en Alepo contra el gobierno de Bashar al-Ásad y, posteriormente, contra las fuerzas rusas, diferentes momentos del conflicto armado. Ella funge como directora, narradora y protagonista del filme, el cual está dedicado a su hija, Sama. Su esposo, Hamza Al-Kateab, es médico y también lucha contra las fuerzas de Ásad.

 

Con cámara en mano, Waad nos introduce a la parte más cruel de la guerra, aquella que llega y golpea sin piedad a los más indefensos. En hospitales o edificios acondicionados como tales, decenas de personas se agolpan en los estrechos pasillos; doctores, estudiantes de medicina y voluntarios socorren a los heridos, entre los cuales se encuentran varias mujeres, infantes y personas mayores.

 

Para Sama no se contiene, las imágenes son brutales y el espectador tendrá dificultades para verlas sin voltear el rostro. Niños y niñas muertas, personas agonizantes y heridos de diversas edades, son capturados por la cámara, los gritos y llantos de dolor se mezclan con el sonido de las bombas que caen en las proximidades. Una cesárea es filmada sin reservas. En otras secuencias, la cámara dirige la mirada hacia el suelo donde la sangre indica la gravedad de los hechos.

 

Como crónica periodística, el documental resulta muy valioso. Expone la cruda verdad de los conflictos armados, el dolor de personas al perder a familiares, amistades, vecinos; las maniobras militares para ir reduciendo a la resistencia; los bombardeos inmisericordes contra civiles. Aunque Waad también captura imágenes de alegría, como su boda, el momento en el que se da cuenta de su embarazo, unas flores o una fruta que le saca una sonrisa a una señora. La fuerza de voluntad de estas personas es innegable, su coraje para luchar por sus ideales y la solidaridad entre ellos también se ven.

 

Sin embargo, el documental es cuestionable en su valor artístico. La edición se asemeja más a un trabajo de ficción, la historia va del pasado al presente para ir construyendo los hechos; la voz en off de la directora que narra sus decisiones a manera epistolar para su hija también es un recurso truculento, se busca una identificación con el espectador a partir de la indefensión de las víctimas y las imágenes constantes de niños sufriendo manipulan sin miramientos. ¿Son necesarias? ¿Qué aportan al documental?

 

Al igual como la fotografía de Alan Kurdi vendió muchos periódicos, la forma en que Waad retrata a los niños en su documental busca explotar una historia a partir del sufrimiento ajeno y le ha granjeado muchos galardones. Ella se justifica ante su hija, reafirmando que su decisión de quedarse en Alepo fue la correcta y, al crecer, Sama lo entenderá. ¿Será así? O en veinte años veremos algún documental de Sama cuestionando las decisiones de sus progenitores…

 

Todavía más cuestionable resultan las tomas con dron, estéticamente cambian el registro y se sienten forzadas, la nitidez con la que graban la ciudad en ruinas y sus movimientos estereotipados recuerdan a un videojuego y rompen con la propuesta presentada al inicio, de un corte más íntimo, donde la urgencia y la incertidumbre se topan con la fatalidad.

 

Otro ejemplo de la manipulación de la directora está hacia el final, cuando la caravana en la que va junto a su familia busca pasar por la frontera establecida por las fuerzas armadas, allí, un fundido en negro funge como elipsis para alargar el suspenso, un recurso ficcional sin dudas. Tampoco queda claro a quién le comunican y dan entrevistas Waad y su esposo; aunque ese autoconsciente e hipócrata fuera de campo nos revela la intención solapada del filme: buscar interlocutores en Occidente, en especial con Reino Unido y Estados Unidos. El documental al omitir dar información sobre la participación de estos países en el conflicto Sirio, toma una clara postura, alineada con el discurso de los medios de comunicación occidentales, en este sentido, e independientemente de la postura que cada persona tenga sobre este tema,  Para Sama tiene un estilo propagandístico.

 

Más allá de la denuncia planteada en el filme y de la necesidad de dar a conocer los hechos y violaciones de derechos humanos, Para Sama será juzgada, estudiada y analizada desde un punto ético y moral, en el que se cuestionará la necesidad de exhibir de una forma tan explícita la muerte y el sufrimiento de las víctimas. No porque esto se deba ocultar al público o fingir que no existió, sino por las repercusiones adyacentes y las implicaciones en un mundo digital en el que las imágenes se viralizan, se resignifican y se vuelven tan comunes; ante ello, se corre el peligro de que la intención original deje de ser efectiva.

 

Waad y Watts se decantaron por un estilo de crónica periodística, con elementos de la ficción para elaborar un discurso más contundente; sin embargo, se han realizado filmes más elocuentes e impactantes sobre el conflicto sirio, desde diferentes registros y posibilidades audiovisuales: Insyriated (Phillippe van Leeuw, 2017), Los últimos hombres de Alepo (Feras Fayyad, 2017), Four walls (Alice Shindelar, 2016). Aun así, habrá quien opine que la relevancia del tema justifica su forma, sin importar sus valores cinematográficos.

 

 

País: Reino Unido, Siria. Año: 2019. Título original: For Sama. Dirección: Waad Al-Kateab, Edward Watts. Productora: Channel 4 News, Frontline, ITN Productions, PBS Distribution, WGBH. Cámara: Waad Al-Kateab. Montaje: Chloe Lambourne, Simon McMahon. Música: Nainita Desai. Elenco: Waad Al-Kateab, Hamza Al-Kateab, Sama Al-Kateab. Duración: 96 minutos. Idioma: árabe, inglés. Color.

Nota: este texto fue escrito por encargo del CRFIC que iba a realizarse en marzo. La película se puede ver en la plataforma de Netflix.

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