Alonso Aguilar,  Crítica,  Krinegrafo,  Luciana Gallegos

Filmes destacados del 2020

Mucho se ha escrito de lo atípico que fue el año para el audiovisual y su consumo, lo que indudablemente alteró de una u otra manera nuestra relación con las imágenes. Hiper-expuestos a la conectividad constante y sin la sumisión sensorial de una sala oscura, el potencial cinematográfico de muchos filmes lanzados en 2020 aún queda con cierto asterisco e incógnita, pero a la vez, la disolución de barreras de distribución y espacios físicos también ha expandido de cierta manera el acceso a distintos tipos de cine; festivales de gran extirpe en virtualidad, salas on-line con estrenos a los que jamás tendríamos acceso en tiempo real, facilidad para caminos más escabrosos de adquisición… Todo esto termina siendo parte de la experiencia fílmica en 2020, y aquí les presentamos dos postales personales de lo que fue para nuestros colaboradores.

La selección de Alonso Aguilar

Days es el filme más romántico de Tsai Ming-liang

Normalmente estas introducciones sirven como un espacio para notas al margen de las consideraciones que se tomaron, lo que se omitió y lo que no se pudo ver. Este año probablemente no sea muy diferente, pero los notables cambios en varios sistemas de distribución al menos hicieron que este último punto quizás no destacara tanto por sobre los demás. El acceso a cine radical y propositivo nunca ha sido tan fácil y directo como ahora, y dado el panorama incierto en todas las demás areas de la existencia, al menos es algo positivo  a lo que aferrarse. Dentro de los pendientes quedan Los Conductos, de Camilo Restrepo, The Calming, de Song Fang, I Walk on Water, de Khalik Allah, y por falta de tiempo para el visionado responsable quedan fuera The Disciple, de Chaitanya Tamhane, Uppercase Print, de Radu Jude, Genus Pan, de Lav Diaz, Selva Trágica, de Yulene Olaizola, y Druk, de Thomas Vinterberg.

Los filmes que más marcaron mi 2020, en orden alfabético:

El Año del Descubrimiento (Luis López Carrasco España-Suiza). Hay un encanto inherente a los recuentos orales difícilmente replicable por otro tipo de registro. Lejos de la ocasional esterilidad académica, los intercambios verbales traen consigo contradicciones, tensión sociopolítica y posiciones encontradas. Muchas veces son meramente viñetas vivenciales o anécdotas de segunda mano, pero su amparo en lo real y lo tangible hace de la Historia algo vívido. Sagazmente, Luís López Carrasco sabe que no hay mejor lugar para encontrar tal tipo de diálogo que en las sobremesas de una cantina de clase trabajadora, lo que aprovecha para crear un retrato fulgurante e incisivo de las luchas sindicales y las preocupaciones de las clases trabajadoras en España.

Autoficción (Laida Lertxundi | España-Nueva Zelanda-Estados Unidos). Calles soleadas donde transitan manifestantes, imponentes paisajes naturales en la lejana Nueva Zelanda, desentendidos cuerpos en reposo… Las cotidianidades de distintas mujeres exponen sus preocupaciones desde la intimidad, encontrando el sentido de cofradía en las simetrías y contrastes de sus relatos.

City Hall (Frederick Wiseman | Estados Unidos). Desde sus primeros instantes, City Hall se presenta inconfundiblemente como un trabajo de Frederick Wiseman. El voyerismo al funcionamiento estatal y las tensiones que se presentan en tiempo real crean una particular encrucijada cívica, al resaltar las virtudes y buena labor del Ayuntamiento de Boston, y en simultáneo, explorar los aspectos en donde el esfuerzo no llega a ser suficiente. La mirada del legendario director estadounidense es tan afirmativa como fiscalizadora, lo que exalta una complicada relación con el entorno que hace palpables, y hasta personales, los procesos organizativos en los que se fascina.

The Cloud in Her Room (Zheng Lu Xinyuan | China-Hong Kong). El cambiante entorno urbano se convierte en un espejo de las inseguridades identitarias. Una joven regresa a su ciudad natal para darse cuenta de lo poco que la reconoce. Los vínculos del pasado existen como espectros, y rápidamente la melancolía toma lugar. Zheng Lu Xinyuan entiende perfectamente que la alienación es rara vez vocalizada, y la transmite desde relaciones espaciales entre cuerpos deambulantes y estructuras grises e indistinguibles.

Days (Tsai Ming-Liang | Taiwán). Days se siente tanto como una culminación como una reinvención del cine de Tsai Ming-liang. La desolación y la fragilidad de las relaciones humanas siguen siendo ejes centrales, pero sus formas han cambiado. Los cortes se han vuelto más impredecibles, la laboriosa composición de sus secuencias se ha relajado, y la opresiva aura apocalíptica de sus últimos trabajos ha dado lugar a un romanticismo ferviente. Los juegos exploratorios de Tsai siguen amparados en lo sensorial, pero en esta nueva faceta, el lenguaje fílmico responde a personajes y emociones. ¿Un Tsai más cálido? Sin duda. ¿Menos envolvente? Por el contrario.

Fauna.

Fauna (Nicolás Pereda | México-Canadá). Dejando atrás el rigor intelectual y los manerismos de cierto cine etnográfico, Nicolás Pereda ha ido incorporando cada vez más aspectos fabulistas e intersecciones con la ficción. En Fauna, los juegos metatextuales y las apropiaciones de género (el drama Narco, en paticular) coexisten de manera lúdica en una narrativa que se pone a sí misma al espejo; deshilvanado en tiempo real que es exactamente lo que la constituye, y de paso interpelando sobre el tipo de ficciones que nos construyen como espectadores.

The Inheritance (Ephraim Asili | Estados Unidos). En un momento de The Inheritance, una joven cocina en frente de un póster bastante notable de La Chinoise (1967) de Jean-Luc Godard. Las similitudes entre ambos filmes son bastante frontales: colectivos de jóvenes idealistas intentan crear una vida alternativa a la hegemonía capitalista y prueban sus líneas discursivas a través de la lengua. La diferencia esencial yace en que Asili, a diferencia del célebre cascarrabias francés, captura sin cinismo alguno a los incipientes revolucionarios. Lejos del egoísmo de los jóvenes franceses aburguesados, los rostros que presenta The Inheritance conciben un sentido de urgencia en el activismo por los derechos de las personas negras. Su afán de aprendizaje y metas individuales van de la mano con un inapelable sentido de comunidad y fuerza colectiva, y en la empatía con que la cámara los interpela, el sentido de asombro se torna contagioso.

Isabella (Matías Piñeiro | Argentina-Francia). La más reciente de las interpolaciones Shakesperianas de Matías Piñeiro es a la vez su propuesta más radical a la fecha. En esta versión posmoderna de “Medida por medida”, las líneas temporales se entrelazan y la angustia existencial se expresa desde un montaje impresionista e imaginativos juegos visuales.

Lovers Rock (Steve McQueen | Reino Unido). En un entorno de aislamiento y recato, McQueen nos hace sentir en carne propia el júbilo comunal que significa la convivencia de cuerpos en libertad. Su cámara deja de lado la distancia y todo interés de respetabilidad, y logra entender que para captar el fervor que genera una caricia en la espalda en medio de paredes sudorosas,  es fundamental ser partícipe en la algarabía.

Malmkrog (Cristi Puiu | Rumania-Bosnia-Macedonia-Suecia-Suiza-Serbia). El lenguaje y la intelectualidad se presentan como una barrera que mantiene al margen a la realidad. Claro, se puede dialogar sobre el estado del mundo y racionalizar el resquebrajamiento espiritual de la humanidad, pero la abstracción no deja de ser una comodidad y un privilegio. Las palabras hipnotizan con sus cadencias intrincadas y floreada formulación, y al mismo tiempo, su vacuidad vislumbra un terror primario a lo que puede pasar una vez que se acaba la oración y el bullicio de afuera de la ventana se empiece a escuchar; sea finales del siglo XIX o el primer cuarto del XXI.

Espacios vacíos en Baxter, Vera Baxter.

Un clásico descubierto en el año:

Baxter, Vera Baxter (Marguerite Duras, 1977 | Francia). La opresión doméstica a la mujer en el mundo contemporáneo es abismado en la poética visual de Marguerite Duras. Llamadas displicentes de un esposo infiel, sexo despasionado con el fin último de capital, reflexiones desgarradoras de una mujer enigmatica y desconocida, un exasperante bucle eterno de música alegre… y a pesar de todo, lo que más cala al ver Baxter, Vera Baxter es el devastador sentido de ausencia que drena la vida de cada encuadre;esa incomoda distimia en los movimientos de cámara que sumergen en un mar de futilidad y nos hacen ser uno con Vera Baxter cuando se desploma en un sofá.

La selección de Luciana Gallegos

Apiyemiyeki

Ocho de las películas estrenadas en el 2020 que más he tenido en mente, presentadas en el orden en el que las vi. Por distintas razones no incluí películas que disfruté mucho como Days, de Tsai-Ming Liang, Chico ventana también quisiera tener un submarino, de Alex Piperno, El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco o Las poetas visitan a Juana Bignozzi, de Laura Citarella y Mercedes Halfon. Por ejemplo, porque las vi hace algunos meses y no he podido repasarlas o, más bien, porque las vi hace muy poco. Y bueno, principalmente porque la idea es que sea una selección (aunque sea arbitraria, porque solo así me salen), no un inventario. 

El agente topo (Maite Alberdi | Chile, EE.UU., Alemania, Países Bajos, España). Al igual que otras películas de Alberdi, como Las peluqueras (2008), La once (2014) y Yo no soy de aquí (2016), El agente topo es protagonizada por personas adultas mayores. A diferencia de aquellas, con premisas más sencillas u observacionales, este largometraje se desarrolla a partir de una situación algo peculiar: el adulto mayor Sergio Chamy es contratado por un detective privado con la misión de infiltrarse en un hogar para la tercera edad e investigar el trato que se le da a una de las residentes. Eventualmente, la centralidad de esa misión se difumina: sobresalen entonces las interacciones entre don Sergio y los residentes; los momentos graciosos o emotivos que, como en obras pasadas, Alberdi logra documentar, fomentar o escenificar. (Una película particularmente conmovedora para mí justo en esta época de alarma sanitaria, seguramente, luego de meses de no poder compartir de forma cercana o despreocupada con ciertas personas mayores, entre ellas mis abuelas.)

Apiyemeyekî? (Ana Vaz | Brasil, Francia, Portugal, Países Bajos). Imágenes recientes, tanto de Brasilia como de la autopista BR-174 y sus zonas aledañas, se entretejen y superponen con fotografías de miembros del pueblo indígena Waimiri-Atroari o ilustraciones realizadas por ellos. Los dibujos —hechos entre 1985 y 1986, recopilados por Egydio Schwade— se relacionan con la masacre de ese pueblo durante la dictadura militar en Brasil. Con fundidos y efectos de transparencia, unidos a una banda sonora que ambienta e inquieta (sonidos de ríos, carros, murmullos abstractos, tonos amenazadores), Vaz representa la memoria de la violencia, unida a paisajes de donde sucedieron los hechos, en un corto en el que palabras como moderno y civilizado se presentan entre comillas.

City Hall (Frederick Wiseman | Estados Unidos). El más reciente documental en la enorme filmografía de Wiseman tiene como objeto de atención el Ayuntamiento de Boston. Se presenta una extensa serie de reuniones privadas, eventos públicos, detalles arquitectónicos, actividades especiales o rutinas de mantenimiento urbano. En City Hall, como en At Berkeley (2013), National Gallery (2014) o Ex Libris – The New York Public Library (2017)se percibe un sesgo reconfortante: Wiseman parece enfocarse mayormente en intercambios en los que predomina un espíritu reflexivo, propositivo, altruista o conciliador. Más allá de ese tono alejado de la desesperanza, el estilo del director permite e invita a uno de los mayores placeres del cine: el voyerismo detallado.

Correspondencia (Carla Simón y Dominga Sotomayor | España, Chile). Siguiendo la línea de proyectos recientes, como las correspondencias fílmicas organizadas por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, en las que seis parejas de directores fueron invitadas a comunicarse con “cartas filmadas”, o el documental A media voz (Heidi Hassan y Patricia Pérez Fernández, 2019), Correspondencia se presenta como un intercambio epistolar. Simón enfrenta la muerte de su abuela y la idea del relevo generacional, acompañada por un coro de mujeres de su familia. Sotomayor repasa sus vínculos con su madre, una de sus abuelas y el cine, lo cual incluye imágenes de un corto inédito filmado por un tío abuelo, del cual luego la realizadora chilena hizo un remake, hasta que irrumpe el estallido social surgido en Chile a partir de finales del 2019. Imaginar el futuro personal pasa por expectativas de posibles futuros colectivos. “Ayer balearon a un joven en la entrada de mi casa […] es raro pensar en hijos ahora”.

Fauna (Nicolás Pereda | México, Canadá). Como en Isabella, en Fauna hay un interés por la actuación y la representación (la representación de la violencia, por ejemplo), al punto de que los personajes protagónicos comparten rasgos con los actores que los interpretan. Paco, el novio de Luisa (Luisa Pardo), es presentado por su suegro como “el actor de Narcos”, e interpretado por Francisco Barreiro, quien actuó en Narcos: México. Además de esas referencias cruzadas y la ruptura que surge cerca de la mitad de la película, Fauna —como Minotauro (2015)— se caracteriza por un sentido del humor enfocado en pequeñas frases (“normales, palabras normales”) y situaciones.

Isabella (Matías Piñeiro | Argentina, Francia). Saltos y confusiones temporales, versiones distintas de un mismo suceso, reiteración de frases: los juegos de representación usuales en la filmografía de Piñeiro —con colaboradores recurrentes como el editor Sebastián Schjaer, el director de fotografía Fernando Lockett y los actores Agustina Muñoz, María Villar y Pablo Sigal—, en Isabella se entrelazan con elementos visuales llamativos. Desde experimentos con luces y colores, o recuadros de tamaños y tonos cambiantes, hasta un imponente paisaje montañoso. El trailer de la película, en sí mismo, es una de mis producciones audiovisuales preferidas del año pasado.

A Metamorfose dos Pássaros (Catarina Vasconcelos | Portugal). Un voice-over es gradualmente acallado cuando una protagonista enciende una secadora de pelo. El ruido del aparato no permite escuchar nada más. El primer largometraje de Vasconcelos —en el cual la directora profundiza sobre algunos aspectos de su vida y la vida de sus familiares, varios de ellos, como su mamá, ya fallecidos— está saturado de composiciones y momentos ingeniosos, en los que lo visual o lo sonoro potencian o entran en tensión con lo relatado.

The Woman Who Ran (Hong Sang-soo | Corea del Sur). Un hombre joven le solicita a sus vecinas que no alimenten más a los gatos callejeros, porque su esposa les tiene miedo. Si siempre les dan comida a esos animales, ellos van a seguir llegando. Muy amablemente, las vecinas le dicen que no van a dejar de alimentarlos. La escena termina con un zoom-in a uno de esos gatos, lo cual resulta cómico en el contexto del conflicto vecinal. Además del uso conspicuo del zoom —algo recurrente en las películas de Hong Sang-soo—, otro elemento visual que marca The Woman Who Ran son las tomas a monitores que muestran lo capturado por cámaras de seguridad, incluyendo un momento emotivo que vemos pero no escuchamos. En los encuentros de la protagonista (Kim Min-hee), las conversaciones tienen puntos de repetición; se reiteran ciertos datos e intereses, entre ellos el dinero, el costo de tener vivienda y las relaciones afectivas. 

Asparagus

Para terminar, dos películas del siglo pasado que vi por primera vez durante el 2020:

Asparagus (Suzan Pitt, 1979 | Estados Unidos). Entre el cine animado que vi el año pasado —ciertas animaciones pioneras, algunas de las obras de Norman McClaren o trabajos más recientes, como los de Dante Zaballa— uno de los cortos que más me impresionó fue Asparagus, realizado por Pitt en un proceso que le tomó cuatro años. En el corto, la artista combinó claymation y animación tradicional, con un estilo visual vinculado con su oficio de pintora. Puestas en abismo, insinuaciones sexuales y elementos surrealistas se presentan con una atractiva sobrecarga de sonidos, figuras y colores.

The Bigamist (Ida Lupino, 1953 | Estados Unidos). Las relaciones de pareja, particularmente la monogamia como expectativa social, son el punto central del argumento de la película, un drama melancólico en el que uno de los tres personajes principales es interpretado por Lupino, la segunda mujer en formar parte del Sindicato de Directores de Estados Unidos (DGA), luego de Dorotyh Arzner, y la primera en dirigirse a sí misma, por única vez (“I can’t afford my salary”). En The Bigamist, como en otras obras de Lupino, elementos de realismo y melodrama se reúnen con una puesta en escena cuyos contrastes de luz, sombras y ángulos de cámaras evocan el cine negro.

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