Alonso Aguilar,  Crítica

Las Facultades: Esquemas de transformación

«El lenguaje común se queda de (la avenida) Figueroa Alcorta para allá», le reprocha un pomposo profesor de la Universidad de Buenas Aires a un estudiante de leyes que optó por simplificar la hiper-solemne jerga académica. A los ojos del catedrático, este inaudito acto representa una ofensa a la infranqueable pureza intelectual de una casa del conocimiento, consigna que rige por sobre todas las cosas en el mundo de Las Facultades (2019).

“La experiencia universitaria” es también un discurso, y no basta con sentarse en una clase o repasar enfermizamente las bibliografías asignadas. Para ser parte de ella hay que encarnar el rol.

En el filme, voces quebradizas, vociferaciones pretenciosas y citas descontextualizadas se entrelazan a manera de cacofonía ante el oído incisivo de la directora debutante Eloísa Solaas, quien de inmediato deja en claro que para sus intereses no existe distinción alguna entre el método científico de la botánica o los trillados discursos de sociólogos incipientes; todo ámbito se asemeja a una abstracción, como si se tratara de una grabación de campo de una lengua muerta imposible de traducir, donde el enfoque yace en las gramáticas y no en los contenidos, haciendo de los tics, las muletillas y las entonaciones de las múltiples exposiciones orales (la práctica evaluativa más común en Argentina) lo que termina por darle forma y ritmo a este envolvente experimento audiovisual.

Durante la mayor parte del metraje se carece de un gran arco narrativo o alguna caracterización que intente apelar emocionalmente. La tensión dramática inherente a cada uno de estos exámenes más bien se ampara en su anonimato como una virtud que exalta el sentir de urgencia. Son vivencias técnicamente específicas cuyo impacto reside en la forma universal en que son retratadas; a punta de lineamientos básicos (un rostro, una materia y una reacción) suficientes para sumergir de lleno en la abrumadora experiencia sensorial que es construida.

Guiñandole de manera meta-textual a los agitados estudiantes de Diseño de Imagen y Sonido que se muestran luchando por explicar las teorías de André Bazin (el realismo por sobre la imagen), Solaas utiliza el montaje, el sonido y la profundidad de campo de manera minimalista, evadiendo la manipulación de los cortes rápidos y la música extra-diegética, y haciendo de los tiempos muertos y los encuadres opresivos su modus operandi. Lo que tal aproximación formal devela es una mirada “sin filtros” a la afectación que tienen las instituciones sobre los individuos.

La joven directora argentina disecciona la dimensión política de su tema central (en su caso, la educación como herramienta de transformación) a través de la observación de conflictos cotidianos y el poder cumulativo que tienen estas escenas tenuemente hilvanadas; las recurrencias y contradicciones que aparecen entre sujetos fungiendo como una especie de narración coral sobre las consecuencias del sistema educativo.

Los 80 minutos de duración van y vienen para proponerle al espectador una deliberación sobre las estructuras de poder que dan nombre a la película. Actitudes arcaicas son parodiadas, temas vigentes de exclusión, señalados – siempre desde la sutileza y la evocación- pero así como el estudiante idealista que busca cambiar el sistema desde adentro, Las Facultades indaga con criticidad porque concibe lo que está retratando como una genuina ventana de oportunidad para el cambio.

Nota: este texto fue escrito por encargo del CRFIC que iba a realizarse en marzo 2020.

País: Argentina. Año: 2019.  Dirección: Eloísa Solaas. Productora: Darwin Cine, Maravilla Cine. Fotografía: Esteban Clausse. Montaje: Pablo Mazzolo, Eloísa Solaas y Francisco Lezama. Duración: 77 minutos. Idioma: Español. Color.

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