Crítica,  Krinegrafo,  Yoshua Oviedo

I wast at home, but… : Los fragmentados recuerdos de un duelo

La cineasta y actriz alemana Angela Schanelec es de las voces más originales del panorama cinematográfico de la actualidad. Aún si poco conocida fuera de algunos círculos cinéfilos y festivales, cuenta  con una trayectoria que inició en 1991 como realizadora.

En I was at home, but…, premio a mejor dirección en la Berlinale de 2019, la realizadora filma las instancias posteriores al conflicto, el divagar de personajes en su intento por reconectarse o dar un sentido a su vida tras el evento que trastocó su cotidianeidad. Este nunca se muestra, está fuera de campo, como tantas otras situaciones, un recurso adrede por parte de Schanelec para enfrentar al espectador con el corazón mismo de la película: las incertidumbres emocionales de una madre viuda con sus dos hijos.

El filme comienza con un perro persiguiendo a una liebre. La secuencia no tiene música. Un corte y cambio de escenario, ahora un burro entra en una casa vacía, ve al perro comiendo su presa y luego se asoma por una ventana. Tras una elipsis, ahora es de noche y el perro duerme junto al burro que sigue observando. Este enigmático inicio, de corte bressoniano, adentra al espectador al universo de Schanelec, donde se van a tener más preguntas que respuestas, espacios vacíos en el relato que evita entregarle todo al espectador, este tendrá que ir atravesando la historia a partir de fragmentos.

El desarrollo del filme evita la progresión lógica o narrativa, en su lugar, los momentos parecen sucederse por casualidad, como respondiendo a una lógica interna, lo que hace más evidente el distanciamiento entre personajes y hechos, reflejado en lo mecánico de las actuaciones y diálogos. No es algo negativo, se nota lo deliberado del planteamiento, como si fuesen unos clowns al estilo Buster Keaton en medio de la sociedad alemana contemporánea.

Schanelec está más interesada en lo que sucede alrededor del conflicto, las consecuencias o momentos aparentemente sin importancia. No hay planos ni contraplanos, prefiere encuadrar a un personaje que observa o escucha, pero deja fuera del cuadro lo observado o al interlocutor; es decir, se concentra en la reacción del personaje. También elude lugares comunes de la representación del duelo, en especial en lo que se refiere al carácter de la mujer. Usualmente se muestra a las mujeres con un sufrimiento digno, como víctima o con reacciones desmedidas; acá, la protagonista parece estar ajena a casi todo, sin rumbo aparente, desubicada de su situación y, por ende, de sus relaciones. Resulta bastante cómico la manera en que llega a tratar a sus hijos, en la película la maternidad no está por encima del duelo, así que los hijos tendrán que vérselas por sí mismos. Uno de ellos, el mayor, es el único personaje que se muestra conscientemente dando afecto.

Entre escenas sin diálogos, otras con excesivo diálogo, elipsis y una puesta en escena tipo sketches, se plantea un reto para seguir el filme, sin embargo, en esto radica la riqueza y originalidad de la película. Schanelec repudia el modelo de representación internacional, no filma bajo la lógica causa-efecto, sino que va bordeando la historia, se detiene en momentos particulares: la compra de una bicicleta, una discusión sobre la representación de la muerte, un ensayo escolar de Hamlet. El orden de las secuencias no necesariamente es cronológico, las elipsis funcionan para mostrar diferentes momentos en la vida de los personajes, pero no organizan el relato en términos de una lógica temporal.

La segunda parte resulta más fácil de seguir; para entonces, el espectador ha debido armar el rompecabezas en que consiste el relato para integrar los códigos propuestos por Schanelec. Parte de la clave yace en seguir el universo sonoro en el que viven los personajes. La ciudad con sus miles de sonidos es un personaje más, contrasta con el enigmático comienzo del filme; en cambio, calles, edificios, autos, comercios, todo tiene sonidos particulares y representativos; acaso somos más conscientes de estos cuando estamos con determinado ánimo, predispuestos a perdernos en medio de una vorágine sonora, inconscientes del peso de los cuerpos, vagando por pasillos o corriendo sin sentido.

En esa doble fuga, la de los personajes con respecto a su situación, y la de la película de los códigos formales tradicionales, se pasa de la ciudad a un bosque, un regreso a un ambiente natural con su respectivo cambio del registro sonoro. Se ve un plano cuya composición hace referencia a la Ofelia de la obra de Shakespeare, pero esta Ofelia no está muerta, sino que dormita. ¿En qué consisten sus sueños? La película se cierra de forma circular, con un plano del burro visto al inicio, sigue mirando por la ventana, como si lo que observase fuera la críptica película que acabamos de ver.

Nota: este texto fue escrito por encargo del CRFIC que iba a realizarse en marzo 2020.

País: Alemania, Serbia. Año: 2019. Título original: Ich war zuhause, aber. Directora: Angela Schanelec. Guion: Angela Schanelec. Productora: Nachmittagfilm, Dart Film & Video. Fotografía: Ivan Markovic. Montaje: Angela Schanelec. Elenco: Maren Eggert, Jakob Lassalle, Clara Möller. Duración: 105 minutos. Idioma: alemán. Color.

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