Krineteca

Krineteca es la filmoteca digital donde Krinégrafo recomienda películas que consideramos de valor estético, temático o narrativo. A motivo de la novedad de estas obras (muchas que no tuvieron estreno en Centroamérica) y la falta de espacio en plataformas tradicionales,  damos la opción a nuestra comunidad de alquilarlas en colaboración con la plataforma Eyelet.

Con regularidad estaremos actualizando la página con nuevas ediciones de Krineteca, donde seguiremos curando una selección de películas que disfrutamos y que anhelamos poder compartir con ustedes.


Históricamente, los tiempos de incertidumbre han convertido al arte en un espejo de nuestras preocupaciones como sociedad. Sea através del escapismo necesario para respirar en medio del sofoco, o como una auto-reflexión que punza e incomoda, las expresiones creativas se encargan de ilustrar las implicaciones del entorno. En esta nueva edición de la Krineteca decidimos ver a nuestro alrededor y pensar en algún filme que nos haya señalado los cimientos quebradizos donde estamos parados. En vez de las ya tradicionales tandas dobles, nos decantamos por un solo largometraje que abarca con grandilocuencia novelística las visiones contemporáneas del apocalipsis.

Norte, El Fin de la Historia (2013) de Lav Diaz 

«El fin de la historia» a la que hace referencia el título de este filme del maestro Lav Diaz no tiene que ver con hecatombes globales o conspiraciones intrincadas. No. En el mundo del icónico autor filipino tales incidencias suceden a lo interno, en el inevitable corrompimiento del espíritu humano. Inspirada en las grandes novelas existencialistas de Fiódor Dostoyevski, y recontextualizando las encruzijadas morales con el ferviente sentir de urgencia política de Filipinas, Norte es un retrato de lo que sucede cuando se mira hacia el abismo y lo que se observa es un reflejo de uno mismo; una obra atmósferica y formalmente impresionista que no tiene miedo de discutir ideas radicales, injusticias sistemáticas y actos abominables.


En nuestro reciente episodio de Krinégrafo Dialogos conversabamos sobre Ya No Estoy Aquí (2019) y se mencionaron las maneras en las que la cinta tiene un acercamiento distinto a la idea de masculinidad que se suele asociar con un contexto violento. Para nadie es un secreto que a pesar de la sensibilización social e inclusividad que ha venido con las nuevas generaciones, todavía los pilares del machismo siguen sosteniendo gran cantidad de culturas y discursos. A razón de ello, decidimos aprovechar esta nueva iteración de la Krineteca para presentar dos filmes que aprovechan ocupaciones tradicionalmente hipermasculinizadas (como lo son la mano de obra pesada y los rodeos) y entornos rurales para deconstruir el arquetipo del «hombre rudo, estoico y distante».

Boi Neon (2015) de Gabriel Mascaro

En Boi Neon el director Gabriel Mascaro hace de la ruralidad brasileña el lienzo ideal para sus pincelazos expresionistas de luz y atmósfera. A través de una marcada contraposición entre corporalidades y deseos, la cinta hace de los detalles más cotidianos parte de la exploración psicológica de sus personajes. A Iremar la sociedad lo ha encasillado como un vaquero, pero sus sueños son de modista, y más que ser una anomalía, su caso refleja la realidad para muchos quienes sus aspiraciones terminan siendo una contradicción de su realidad. Este filme es un estilizado retrato donde desde una vida se reflejan miles de otras.

Western (2017) de Valeska Grisebach

El título del filme de Valeska Grisebach invita a pensar las quebradas búlgaras donde se sitúa la acción con el viejo oeste de Howard Hawks y John Ford. Meinhardt, su estoico pero bondadoso protagonista, es su versión contemporánea del vaquero de antaño, sin embargo, su enfrentamiento no será con tribus con sed de sangre o bandidos sadistas, sino con su propia inhabilidad por comunicarse, y el limbo existencial donde se encuentra.  Impregnando miradas y movimientos como si se tratara de una coreografía, Grisebach hace palpable en cada encuadre esa melancolía que carcome por dentro al personaje, pero cuyo exterior rudo se niega a vocalizar. Por donde se observe, la empatía rebosa. 


La doble tanda que Krineteca presenta este fin de semana busca dar un vistazo al sentido de asombro y a la imaginación que significa la mirada infantil en el cine. Históricamente relegada a representaciones condescendientes y reduccionismos, las maneras de retratar este periodo formativo han evolucionado con el pasar de los años, y si bien hoy en día los matices de esta etapa son de conocimiento general, rara vez se topan retratos matizados y genuinamente empáticos. A razón de ello elegimos dos filmes contemporáneos que entrelazan el entorno violento e intimidante que marca la psicología de sus niñas protagonistasn con el aura envolvente de cuento de hadas que proponen sus estéticas.

No soy una bruja (2017) de Rungano Nyoni

Para Occidente, el continente africano es más un territorio fantástico que real, al menos así nos parece desde las películas donde la acción sucede en esta región. Tarzanes, momias, faraones, por un lado; minas de oro, selvas y fauna exótica, por otro. Escenario de guerras o de aventuras. Sin embargo, son imágenes fetichizadas por el imaginario occidental. Por ello, I Am Not a Witch, de la directora zambiana Rungano Nyoni, representa una aproximación más auténtica a un contexto africano. En esta película la mirada de Shula, la niña protagonista, permite descubrir con nuevos ojos un país y unas tradiciones desconocidas, la narración bordea la fantasía de un cuento de hadas, pero sin dejar de lado la crudeza y el hostil contexto por el que Shula transita. Los idiomas autóctonos y la música crean una atmósfera hipnótica, la narración favorece lo simbólico como forma de experimentar ritos, supersticiones y emociones y, así, evita caer en un sentimentalismo colonizador, al contrario, lo representa de manera absurda.

Cómprame un revólver (2018) de Julio Hernández Cordón

El director Julio Hernández Cordón ha hecho una carrera a través de sus íntimos retratos de las subculturas urbanas (skaters en DF, bikers en San José) y los peligros que germinan a su alrededor. De cierta manera, Cómprame un revólver es la culminación de esta línea temática. Un film que pinta el desolado panorama de un mundo ya carcomido por completo por la violencia y el narcotráfico, y donde los frágiles destellos de esperanza residen únicamente el proceso de auto-descubrimiento de una precoz niña que debe encontrar sus propios métodos para luchar.


Para esta segunda doble tanda, Krineteca presenta dos obras que exploran distintos matices de la experiencia de ser mujer en el mundo contemporáneo. Recientemente en Krinégrafo Dialogos se conversó sobre Ema (2019) de Pablo Larraín, lo que instó a recordar algunos otros retratos de feminidad que construyen su libertad a partir de perspectivas singulares y una intrincada puesta en escena. Estas son visiones del lúdicas del audiovisual que recontextualizan cánones y  le dan un giro a consideraciones patriarcales sobre el deseo, la maternidad, la intimidad, y demás conceptos que suelen representarse como lugares comunes a la hora de poner a la mujer en primer plano. 

Las Buenas Maneras (As Boas Maneiras) (2017) de Juliana Rojas & Marco Dutra 

Con sus corrosivas recontextualizaciones del cine de género, Juliana Rojas y Marco Dutra han puesto el dado en la llaga de la desigualdad social en Brasil desde su estupenda Trabalhar Cansa (2011). Las Buenas Maneras es un paso más adelante en su idiosincrásico híbrido de indignación política y horror desenfrenado, donde tensión racial, clasismo, deseos prohibidos y licántropos coexisten en delirante harmonía. 

Un Bello Sol Interior (Un beau soleil intérieur) (2017) de Claire Denis

Entre sus múltiples experimentos con distintas tradiciones del cine, la constante en el cine de Claire Denis son sus evocativos encuadres de la corporalidad, y sus lúcidas exploraciones sobre la complejidad de las relaciones humanas. Un bello sol interior se inscribe en esta tradición de su filmografía, y a la vez le da un giro despreocupado que así como su protagonista Isabelle (Juliette Binoche), aparenta irradiar calidez y ligereza antes de mostrar la vulnerabilidad y las contradicciones que la hacen tan devastadoramente humana.


En esta primera edición centramos nuestra atención al cine asiático contemporáneo. Actualmente, nuestro compañero Yoshua Oviedo ofrece un recorrido por la historia del cine asiático a modo de taller, por lo que nos interesamos en brindar la oportunidad de complementar con un poco del acontecer actual de esta prolífica región del mundo cinematográfico. Como bien es sabido por nuestros seguidores (o quienes han visto nuestras selecciones de filmes destacados de cada año y de la década), en Krinégrafo tenemos gran afinidad por los ritmos distintivos, las mitologías envolventes y las idiosincrásicas formas de explorar la historia que suelen proponer cintas de maestros como Tsai Ming-Liang, Apichatpong Weerasethakul, Hirokazu Kore-Eda, Bi Gan, Wong Kar-Wai, Hong Sang-soo, Wang Bing, entre otros. Adaptándonos a la coyuntura y con el deseo que seguir compartiendo ante la ausencia del «gran evento del cine arte mundial», el Festival de Cannes, recordamos algunos de los filmes asiáticos que recientemente se han paseado por la Croisette y dado de que hablar en el microcosmos cinéfilo.

Ash is Purest White (2018) de Jia Zhangke

No sería descabellado argumentar que Jia Zhanke es el cineasta chino del milenio. Desde que cobró notoriedad gracias al estudio sociocultural que plasma Platform (2000), Zhanke se ha consolidado como uno de los directores asiáticos más confrontativos políticamente. Sus películas irradian indignación y descontento en sus crudas exploraciones de los bajos mundos y comunidades olvidadas de la China continental, y de cierta forma Ash is Purest White puede ser vista como la culminación de su estilo. Es una obra sumamente pulida en estética, con sus guiños a la tradición del cine de crimen (tanto el de Hong Kong como el noir occidental), y cuyo enojo subyaciente ebulliciona hasta afrontar a todo aquel que la ve.

Asako I & II (2018), de Ryusuke Hamaguchi

Así como Zhanke, Hamaguchi es un cineasta singular que traversa los círculos del cine arte con sus imaginativos juegos con el cine de género. En el gigantesco melodrama de sugerencias y sutilezas que es Happy Hour (2015), las 5 horas y 17 minutos de duración son utilizadas para recontextualizar en tiempo real la idea de «incidente», y dándole a la cotidianidad de las protagonistas el espacio necesario para hacer palpable los matices de sus decisiones, sus relaciones, y sus sentimientos. Asako I & II es notablemente menos ambiciosa en presentación, pero no por ello deja de lado sus subversiones. Los referentes al melodrama siguen presentes con un arco narrativo que utiliza una premisa de triangulo amoroso, sin embargo, Hamaguchi introduce también una vertiente ligera de ciencia ficción y de existencialismo Borgesiano (la idea del doble siendo fundamental) que permea la estructura elíptica de la cinta con un sinfín de momentos memorables y descargas emotivas.